26/7/09

Confesiones...


Esta noche sin proponermelo apareció tu hálito de vida sobre mis labios
tu sabor...

Cerré los ojos y ahí encontré tu mirada a dos colores
sin más remedio que continuar evoqué tus brazos
si, esos brazos que ayudan a cargar el peso que literalmente llevo en los hombros
la maleta siempre empacada.

Brazos que por momentos desaparecen el entorno y me hacen olvidar la carga,
más de una vez me eh cuestionado el por que
...

Y una respuesta se deja asomar
porque a momentos encuentro mi lugar en tus manos
continuamos avanzando

Sitio errante... me siento afortunado

Abro los ojos y encuentro tu sonrisa
sigo el recorrido hasta el cuello y de ahí nuevamente a tus brazos
el lugar donde si miras atentamente encontraras finas líneas

¿caminos que haz recorrido?

¿historias que contar?

¿Podría ser este mi lugar?
...

Certezas y dudas aparecen
me cuestiono lo que a estas horas estarás haciendo...
Seguramente duermes...


9/7/09

Caja negra...

La habitación esta hecha un desastre (y mira que tan solo es una caja), en el piso partitúras, algunos discos que sobrevivieron al último holocausto, más papelítos con escritos de diferente tipo, el amplificador que por hoy también es mesa de algunos libros y una vela, cables que parecen serpientes esperando a atacar ante la menor provocación, ropa.

En el escritorio solo más cables, del teléfono, de las cosas de la computadora, la táza que contenía el café que me acabo de tomar, polvo y un incienso que dejó de consumirse a menos de la mitad.

En la cama unos cojínes y el bajo.

Supongo que todo cayó de las paredes por que ahí solo se encuentra el espejo con un ente que a primera vista no me inspira confianza...el closet prefiero no mirarlo por que ya es de noche...

Por debajo de la puerta se deja asomar el olor a tabaco...Madre se a levantado por un cigarrillo nocturno, puedo ver a Vidar durmiendo en la esquina por que hoy se me ocurrió que asi debería de ser...divago y pienso que ya es hora de colocar algo en esas paredes.

Pienso en las cosas que estan sucediendo a mi alrededor y ese "tu eres el culpable" , me molesta que duela, se que estuvo de más y que fue un tema que se dejó venir de un pasado tan distante, supongo son de esas cosas que se dicen sin querer...pero dolió.

En fín creo que mejor iré a dormir...otro día me preocupo del desorden.

1/7/09

Nadie te creería

Voy a contar un secreto:


Cuando yo era chico a mi mamá se le zafaba la cabeza. Era insoportable verla así. Temía que nunca volviera a colocársela, entonces yo debía hacerlo. También pasaba que mi padre volvía del trabajo sin sus brazos y yo debía señalarle que los había olvidado o se los habían quitado. A veces volvía tan cansado que no quería regresar y decía que al otro día iría por ellos. Pero yo no aguantaba la idea de que alguien los tomara y no volvieran a aparecer. Los buscaba. El caso de mi padre era complejo pues cuando discutía con mamá se quedaba sin rostro. Y debía de ser yo quien, con mucha paciencia y sin asustarme, le colocara primero la nariz, para que pudiera respirar, luego la boca. Los ojos siempre al final, para que no se asustara. Ella también quedaba mal, se le desarmaban las piernas y era incapaz de ir a ninguna parte. Aprendí a colocarle las rodillas, los pies, y al rato caminaba aunque sus primeros pasos eran muy pesados. A mi papá lo corrieron del trabajo varias veces, y en cada ocasión tardó días en regresar a casa. Mi madre pasaba del susto al enojo, pero no salía a buscarlo, entonces iba yo. Una vez no me reconoció y no quería volver conmigo pues no sabía quién era ni a donde lo llevaría, se quejaba. Tuve que mentirle para que me siguiera.

Trabajé tanto que, durante esos años, me dormía sobre el pupítre. Sin embargo nadie se burlaba ni los maestros me castigaban, pues sabían lo que ocurría en casa. Vivíamos en una ciudad pequeña, de ésas en las que todos se conocen. Lo cierto es que no me dormía por que tuviera sueño, era algo mas bien raro. El maestro empezaba a hablar y yo sentía una plácida somnolencia que me invadía. Tuve tres maestras y dos maestros, de distintas edades, pero todos tenían algo suave en la voz, como un ronroneo, un sonido aterciopelado en la garganta. Era tan extraño que no podía prestar atención a lo que decían sino a ese sonido. Me concentraba en él, como cuando uno lee un libro que lo atrapa, y según yo eso hacía, pero según los demás me había dormido.

Luego regresaba a casa y tal vez debía calentarme algo para comer o quizá mamá había cocinado algo delicioso y papá había comprado un vino caro y eran muy felices. Entonces yo también, y éramos muy felices. Su felicidad no se podía comparar con nada en el mundo. Era la única cosa capaz de hacerme olvidar el sonido de las voces de mis maestros, por que ella sola, esa felicidad, era suficiente. Una de esas ocasiones mi padre dijo una frase que me quedó para siempre: "La vida es una gran fuente, y si uno tiene un recipiente sano, hasta la más pequeña taza sirve para calmar la sed". Y me despeinó con su mano. Entonces no entendí que había querido decir, hoy sí. Pero esos momentos radiantes eran muy frágiles, no duraban, por que ellos eran como un recipiente roto, por usar sus palabras, y se ve que nada de esa fuente les era suficiente, quiero decir, todo se les volcaba. Y eran muy infelices y tristes, y se les caía el rostro, los brazos, o perdían la cabeza, que es lo que conté antes. Hasta que llegaban otra vez esos momentos de felicidad incomparable.

Una noche una mujer me sacó volando de mi casa. Me sentó frente a una mesa llena de manjares. Sándwiches de tres o cuatro capas, refrescos de todos los gustos, dulces y quién sabe que cuántas cosas más. Llenó mis bolsillos de dinero, se agachó para estar a mi altura y dijo, amablemente: "No es tarea de un niño hacer esos trabajos por sus padres". Pero si no los hago yo, ¿quién los hará?, le replique. "Quizá nadie, pero no debe hacerlos un niño", insistió. Pero si no los hago nadie lo hará. Y entonces esto fué lo que me respondió: "Hay que dejar que nadie lo haga". Y me devolvió a mi cama. Y ése es mi secreto.

Luis Pecetti.