Después de tanto tiempo te eh visto subir unas estaciones antes del lugar donde tenía que bajar, situación que no esperaba...mucho menos por que yo aún te imaginaba en el lejano Londres.
A pesar de todo nos reconocimos al instante, aunque tú no lo creas me dio mucho gusto verte, lastima que la sensación no haya sido recíproca y lo peor de todo es que ni buscando en la memoria puedo descifrar el motivo por el cual liberaste esos gritos cargados de rabia, prometiendo que me demostrarías que tan lejos van tus capacidades sobre el escenario y que me pisotearías como músico.
Irónicamente sobre tu mano derecha cargabas "el príncipe de Maquiavelo", ese libro que durante más de un mes no dejaste de comentar con gran revuelo, trato de pensar en la escena y descubro que quizá a ti te sería curioso ver un cello sobre mi espalda, no cabe duda que cambiamos, basta con mirar a cualquier dirección y darse cuenta de esto.
Sabes... estos últimos días me han sido pesados y la parte que reservo para cuando de verdad me siento herido quiere salir a flote, por un instante pensé en contestarte de una manera cortante e hiriente sin embargo algo me contuvo, me contuve por que estoy convencido que te volveré a encontrar, por que tienes todo para que un gran escenario sea tuyo... por mi parte me tendré que esforzar más si es que pretendo encontrarte sobre el escenario y no debajo de el.
Últimamente mis deseos de practicar se habían visto un tanto menguados, pero por algunas razones este encuentro y otras situaciones me renuevan, por que ya no importa las veces que me equivoque, la perfecta ejecución ahora solo es una consecuencia y no la meta.
Que el arrastre y su fuerza me disuelvan poco a poco hasta que no se distinga donde comienza el uno y donde termina el algo... ser real.
Aunque por esta noche me llena más de alegría otro encuentro, uno que este viernes no fue producto de la casualidad sino del llamado no dicho... producto del mutuo deseo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario